“No queda nadie a quien valga la pena vestir”

Esa fue la frase que salió de Cristóbal Balenciaga en 1968 cuando cerró su casa de alta costura. Esta permaneció cerrada durante décadas hasta que apreció el francés Nicolas Ghesquière, un joven valiente de 26 años al cual se le nombró director creativo en 1997 tras el abandono de Josephus Thimister.
Por propia cuenta, Nicolas había trabajado ya con Balenciaga en 1995.
Ganó en premio al Mejor Diseñador de Vanguardia del Año por VOGUE/VH1, así como también el título de Mejor Diseñador del Año de Moda que otorga la revista femenina CFDA en 2001.
La influyente Suzy Menkes lo definió en el International Herald Tribune como el “diseñador más interesante y original de su generación”.

Desde que se le encargo la dirección artística de la firma su vida ha girado en torno a la moda, Siendo antes un total desconocido, trabajó con Agnès B. y Corine Cobson mientras estudiaba en la escuela de Loudon en el centro de Francia. Con 19 años fue el ayudante de Gaultier, diseñador jefe de Trussardi y posteriormente también ayudante de Mugler.
Pero su logro fue y es la renovación de Balenciaga.
Entre sus éxitos para la firma están: los pantalones cortos de camuflaje en seda verde de S/S 02, siendo la prenda más copiada de la temporada. En la colección de S/S 03 los vestidos de neopreno pusieron e hicieron mantenerse a Balenciaga en la brecha comercial y creativa.

Un año después que el Grupo Gucci adquiriese la casa Balenciaga, salió la línea masculina. En O/W 05 creó la colección más destacada si cabe de la nueva era de la casa. La creación de unos vestidos en cuero de gama alta con plumas blancas de avestruz y ajustados con cinturones cromados.

Según el antiguo director ejecutivo del Grupo Gucci, Domenico de Sole, “Balenciaga cuenta con una gran baza: Nicloas Ghesquière”.
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